Palabras de Alicia Barcena en lanzamiento de “Chile Mas Alla del Bicentenario”
Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) también participó en el lanzamiento del nuevo libro de Sergio Bitar. La señora Barcena cumple con estas importantes funciones en CEPAL desde julio de 2008. Anteriormente se desempeñó como Secretaria General Adjunta de Gestión, nominada por el Secretario General Ban Ki-moon luego de ser Jefa Adjunta de Gabinete y Jefa de Gabinete Provisional del Secretario General Kofi Annan en la Sede de las Naciones Unidas. Anteriormente en la CEPAL fue Secretaria Ejecutiva Adjunta y Directora de la División de Medio Ambiente y Asentamientos Humanos.
Las siguientes son extractos de las palabras de Alicia Bárcena durante el lanzamiento del libro:
Quiero agradecer al Ministro Sergio Bitar por la gentil iniciativa de haberme invitado a presentar su nuevo libro “Chile Más Allá del Bicentenario: una propuesta progresista”. Esto es un honor para mí, como mexicana y profesional de Naciones Unidas.
Hoy es tiempo de repensar nuestro futuro y a esto es a lo que nos invitan las reflexiones de Sergio Bitar. Este es además un libro dedicado a los jóvenes y a ellos dedico también mis comentarios.
Quiero centrar esta presentación en tres breves observaciones respecto del libro de Sergio y tres reflexiones desde una mirada óptica regional.
En primer lugar, me parece magnífico que las primeras palabras del libro sean sobre valores.
Todos los estudios y encuestas de los últimos años nos muestran una ciudadanía que desconfía cada vez más de la política y de los políticos. Y esto no ocurre solo en Chile, ocurre también y más en toda América Latina, y también en el resto del mundo. Mucha gente cree que quienes entran a la política no lo hacen por una voluntad de servir al país y a la gente, sino que para servirse a sí mismos. Los jóvenes se alejan de la política porque para ellos es sinónimo de trampas, de privilegios, de vanidades, de apetitos de poder, de intereses privados, en fin, de un sinnúmero de características todas parientes cercanas de la corrupción.
Esta tarea de desprestigio de la política fue parte de la década en donde el mercado fue deificado que cumplieron los grandes intereses económicos tanto nacionales como internacionales para evitar cualquier interferencia en sus cuantiosas ganancias. Fue una etapa en donde también los medios de comunicación pasaron a manos privadas y la información sobre lo público perdió protagonismo, se marginó y así se sumaron a la campaña de desprestigio de la política, los políticos y lo público.
Plantear la política como una actividad sustentada en sólidos valores y la búsqueda de lo público, es una luz de esperanza para esta actividad que, siendo tan noble y tan necesaria. Por tanto, todo mi respeto hacia Sergio Bitar por haber dedicado su vida a lo público y por practicar y proponer dicha actividad política fundada, primero que todo y antes que nada, en valores. Los valores son permanentes y constituyen la base de las políticas de Estado.
Pero, Sergio invita a una práctica política fundada no en cualquier valor, sino que en valores progresistas. Combinar de manera práctica, eficiente e inteligente los valores de la igualdad, la libertad, respetando siempre la dignidad de las personas y los procedimientos de la democracia, constituye la esencia de los valores de una política progresista.
Plantear la política como una actividad sustentada en sólidos valores para garantizar la provisión de bienes públicos globales y locales constituye la base de sustentación de un país, una región una localidad. El papel del estado es fundamental para retomar lo público como el actuar colectivo, en donde participan todos y no como sinónimo de acción gubernamental.
En segundo lugar, Sergio Bitar nos dice que la política que construye un futuro digno para todos, se basa en la construcción de grandes acuerdos. En el mundo globalizado de hoy, más que las empresas solas son los países quienes compiten. Compiten las capacidades que los sistemas educacionales han sabido transmitir a niños y jóvenes; compiten los niveles de conflicto social, la seguridad de las personas, la pobreza y la desigualdad, los niveles de cohesión social de las sociedades; compiten las capacidades científicas, tecnológicas, de innovación; compiten estados de derecho, transparencia de las instituciones públicas, solidez de las instituciones, credibilidad de sus gobernantes, la solidez y profundidad de las democracias.
Avanzar en estos campos, supone construir acuerdos amplios, inclusivos, que perduren en el tiempo, que le abran a los países un cauce para avanzar con seguridad por el caminos del progreso, de la igualdad y la libertad.
En tercer lugar, Sergio nos dice que hay que mirar al largo plazo, que solo una sociedad con una mayoría sustantiva, con la mirada puesta en el futuro, tiene de verdad posibilidades de progresar. El camino que lleva al desarrollo y al progreso es uno laborioso, que se va transitando paso a paso, kilómetro a kilómetro. Y en este camino, es muy cierto, no existen los atajos. Construir una visión estratégica dentro de una nueva normalidad es el desafío de nuestros tiempos.
Cuando se observa el devenir de los países y de sus elites políticas, muchas veces uno ve, desgraciadamente, que lo que alimenta la acción política es el cálculo de una ganancia de corto plazo. Gana el político ese día, pero ello no es garantía de ganancia para el país.
Valores, grandes acuerdos, largo plazo, esas son las llaves para transitar por el camino al desarrollo. Al menos, el estudio de las experiencias exitosas en otros lugares del mundo, desde Australia a Irlanda, pasando por España y Singapur, así lo han demostrado.
Tres reflexiones desde una perspectiva internacional
Quisiera, también, aportar solo tres reflexiones, que desde el ámbito internacional en el cual trabajo, parecen pertinentes para este debate.
En primer lugar, los países de América Latina vivieron entre los años 2002 y 2008 un período de alto crecimiento, de reducción de pobreza, e incluso de modesta disminución de las desigualdades. Ello, hasta que estalló la actual crisis económica global que todos conocemos.
Al menos, por los 5 años que vienen, se ve muy poco probable que nuestros países puedan retomar esas tasas de crecimiento. Hay una caída muy brutal de la demanda agregada mundial, y no es claro que el auge de países como China e India logren compensar el menor ritmo de Estados Unidos y de Europa. Ha habido una enorme caída en el flujo de comercio internacional, una caída del precio de los commodities, y un deterioro de los términos de intercambio.
Para políticos como usted, amigo Bitar, este dato es importante. Ello indica que el camino parece que será más difícil de lo que se pensaba hace un par de años, y que los anhelados avances económicos y sociales pueden ser algo más lentos.
Chile ha logrado en 20 años insólitos avances para lograr una sociedad de garantías. Esa posibilidad de que la ciudadanía sea titular de derechos y no solamente consumidores de servicios sociales.
Por ello invito a los jóvenes a valorar profundamente lo logrado en estos años. No se puede banalizar la política, es importante consolidar lo logrado en los campos de la pobreza por ejemplo. En veinte años se ha logrado disminuir la pobreza de 38 a 13% y de 13 a 3.2% los indigentes. Por ellos, por estos 550 000 chilenos es menester consolidar el pilar solidario de seguridad social que ha sido establecido por Michelle Bachelet.
En segundo lugar, en nuestros países persiste una marcada matriz de heterogeneidad estructural. Ello significa, unas pocas empresas que no emplean muchas personas, tienen niveles de productividad que las hace internacionalmente competitivas. De otro lado, la gran mayoría de las pequeñas y micro empresas tienen una productividad mucho más baja que las grandes. Ello significa que los salarios son más bajos, y que la brecha de productividad está fuertemente vinculada con la pobreza y las dificultades de progreso individual y familiar de la gente.
Se requiere de políticas públicas activas orientadas a multiplicar la inversión en innovación tecnológica y social. Más inversión en ciencia y tecnología, pero también más soporte activo a las micro y pequeñas empresas en este ámbito. La palabra clave es la innovación, la universalización de la educación secundaria, del acceso a internet y a convertir la banda ancha en un bien público.
En tercer lugar, los desafíos del cambio climático ya están en el presente; la evidencia científica sobre esta materia es hoy concluyente, hay que tomar acciones ahora. Ojalá acciones multilaterales globales con base en el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que nos aleje de opciones unilaterales vía medidas proteccionistas que condicionen el comercio a partir de la trazabilidad de carbono de los bienes y servicios a exportar.
Toda la literatura sobre cambios sociales importantes señala que los tiempos de crisis son lo más fecundos para iniciar cambios de envergadura. Pocos son los que quieren cambiar cuando todo va bien. Con urgencia se requieren cambios en el sector energía, en transporte, en la agricultura, en la habilitación de las ciudades. Hoy se habla de construcción de edificios que no solo consumen energía, sino que también la producen. Hoy se abre un campo insospechado de generación de empleos vinculada a las nuevas inversiones y acciones que provienen de las políticas respecto del cambio climático.
Por último, quisiera señalar que dentro del conjunto de lecciones que nos deja esta crisis hay una que es muy importante: se restituye el papel de la POLÍTICA, así con mayúsculas, como la actividad esencial para la construcción del futuro.
Las grandes decisiones de construcción de futuro son políticas: como construir grandes acuerdos nacionales de largo plazo entre gente que por mucho tiempo han sido adversarios políticos; como construir alianzas estables, con confianza, entre el mundo público y el mundo privado; como construir lazos de cooperación entre el Estado, el mercado y el ciudadano.
En el fondo, como construir puentes que permitan transitar a un futuro mejor y más digno para todos. Y, usted Ministro Bitar, como Ministro de Obras Públicas sabe de puentes, y en estos puentes sí que vale la pena invertir.
Este libro lo recomiendo profundamente, es realista, inspira, motiva y es fácil de leer.
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